1En 1960, el psicólogo británico Peter Wason diseñó un experimento que revelaría uno de los sesgos cognitivos más poderosos y universales de la mente humana. Presentó a los participantes la secuencia numérica 2-4-6 y les pidió que descubrieran la regla que la generaba. La mayoría asumió que la regla era «números pares consecutivos» y, para verificar su hipótesis, probó secuencias como 8-10-12 o 20-22-24. Todas confirmaban su suposición. Sin embargo, muy pocos participantes ensayaron secuencias que pudieran refutar su hipótesis, como 1-2-3 o 5-10-15. La regla real era, simplemente, «tres números en orden ascendente». Wason había demostrado que las personas tienden naturalmente a buscar información que confirme lo que ya creen, en lugar de buscar evidencia que pueda contradecirlas. Denominó esta tendencia «sesgo de confirmación» (véase Figura 1).
2Décadas de investigación posterior confirmaron que este sesgo no se limita a los experimentos de laboratorio. Un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) analizó en 2018 la propagación de noticias verificadas y falsas en la red social Twitter (hoy X) entre 2006 y 2017, utilizando una muestra de 126.000 historias compartidas por aproximadamente tres millones de usuarios. Los resultados fueron contundentes: las noticias falsas se difundían un 70 % más rápido que las verificadas y alcanzaban audiencias hasta seis veces mayores (véase Figura 2). El hallazgo más revelador, sin embargo, fue que los usuarios tendían significativamente a compartir noticias falsas que coincidían con sus creencias políticas previas, con independencia de la verificabilidad de la información. El algoritmo no creaba el sesgo; amplificaba uno que ya existía.
3La base neurológica de este fenómeno está hoy bien documentada. Estudios realizados con resonancia magnética funcional (RMf) han mostrado que, cuando las personas encuentran información que contradice sus creencias, el cerebro activa las mismas regiones asociadas al dolor físico: la ínsula anterior y la corteza cingulada anterior dorsal. Por el contrario, la información que confirma las creencias existentes activa los circuitos de recompensa del cerebro, específicamente el cuerpo estriado ventral, liberando dopamina de manera similar a lo que ocurre al recibir un elogio o ganar una apuesta. En otras palabras, resulta literalmente placentero sentirse en lo correcto y doloroso descubrir que se está equivocado, lo cual genera un poderoso incentivo neurológico para evitar la evidencia contradictoria. Este mecanismo, que probablemente evolucionó para mantener la cohesión grupal en sociedades primitivas, se convierte en un obstáculo significativo en un entorno donde las decisiones requieren evaluar evidencia de manera objetiva.
4Estas evidencias tienen implicaciones profundas para la educación. Un estudio realizado en 2022 por investigadores de la Universidad de Chile analizó cómo 1.200 estudiantes de enseñanza media evaluaban la credibilidad de fuentes digitales. Los resultados indicaron que un 68 % de los participantes juzgaba la confiabilidad de una fuente principalmente en función de si la información presentada coincidía con sus opiniones previas, y no según indicadores de rigor como la autoría, el respaldo institucional o la transparencia metodológica. Los investigadores concluyeron que enseñar «pensamiento crítico» como una habilidad abstracta resulta insuficiente; lo que se necesita es una instrucción explícita en la identificación de los propios sesgos cognitivos.
5No todos los investigadores, sin embargo, coinciden en el grado en que el sesgo de confirmación puede ser superado. Hugo Mercier y Dan Sperber, en su teoría «interaccionista» del razonamiento (2017), sostienen que el sesgo no es un defecto sino una característica evolutiva de la cognición humana, diseñada para la argumentación en contextos sociales. Según su modelo, los seres humanos no están diseñados para razonar de manera imparcial: están diseñados para persuadir a otros y para evaluar críticamente los argumentos ajenos. Esto significa que el razonamiento individual es inherentemente sesgado, pero la deliberación colectiva —donde perspectivas sesgadas diferentes chocan entre sí— puede producir resultados racionales. La solución, sugieren, no es intentar eliminar el sesgo, sino crear entornos institucionales (tribunales, revisión científica por pares, debate democrático) donde los sesgos opuestos se contrarresten mutuamente.
6Las consecuencias prácticas de este debate trascienden el ámbito académico. Las campañas de salud pública, la publicidad política y los programas de alfabetización mediática dependen de supuestos sobre cómo las personas procesan la información. Si Mercier y Sperber están en lo correcto, entonces los sitios de verificación de hechos y la educación individual en lectura crítica de medios podrían ser menos eficaces que la deliberación pública estructurada. Si la visión tradicional es correcta, la prioridad debería ser enseñar a los individuos a reconocer y contrarrestar sus propios sesgos. En lo que ambas posturas coinciden es en que ignorar la existencia del sesgo de confirmación ha dejado de ser una opción en sociedades donde la información circula a una velocidad y un volumen sin precedentes.
1. Según el texto, ¿qué descubrió el experimento de Wason sobre el comportamiento de los participantes?
2. ¿Cuál es la función del párrafo 3 en la estructura global del texto?
3. Según el estudio del MIT mencionado en el párrafo 2, ¿cuál fue el hallazgo más revelador sobre la difusión de noticias falsas?
4. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones representa una limitación del estudio de la Universidad de Chile descrito en el párrafo 4?
5. De acuerdo con el párrafo 4, ¿qué porcentaje de los estudiantes evaluaba la credibilidad de una fuente según su coincidencia con sus opiniones previas?
6. ¿Qué relación se puede establecer entre la Figura 1 y la Figura 2 presentadas en el texto?
7. Según Mercier y Sperber (párrafo 5), ¿cuál sería la solución más eficaz frente al sesgo de confirmación?
8. ¿Cuál de las siguientes alternativas expresa con mayor precisión el conflicto central que plantea el párrafo 6?
1En marzo de 2021, una profesora universitaria de literatura en Estados Unidos fue despedida tras publicar en su cuenta personal de redes sociales una opinión crítica sobre la pertinencia de incluir «advertencias de contenido sensible» (trigger warnings) en los programas de estudio de literatura clásica. No expresó comentarios discriminatorios ni utilizó lenguaje ofensivo; simplemente defendió, citando estudios de psicología educacional, que la exposición supervisada a textos desafiantes es preferible a la evitación preventiva. La reacción fue inmediata: una campaña digital coordinada exigió su renuncia, acusándola de «invisibilizar el trauma» de estudiantes vulnerables. La universidad cedió a la presión sin iniciar un proceso disciplinario formal. El caso, lejos de ser excepcional, ilustra un fenómeno que ha transformado radicalmente las reglas del debate público: la cultura de la cancelación.
2El término «cancelar» en su acepción contemporánea designa la práctica de retirar el apoyo público a una persona —generalmente una figura visible— como consecuencia de una opinión o acción considerada inaceptable. Sus defensores argumentan que se trata de un mecanismo legítimo de rendición de cuentas: en un sistema donde las instituciones formales rara vez sancionan los abusos de poder (acoso laboral, discursos de odio, conductas discriminatorias), la presión colectiva digital funciona como un correctivo social que otorga voz a quienes históricamente carecieron de ella. Vista desde esta perspectiva, la cancelación sería la versión digital de la protesta ciudadana, una expresión del derecho comunitario a establecer límites éticos.
3Sin embargo, un examen más atento de la dinámica concreta del fenómeno revela fisuras significativas en esta narrativa. En primer lugar, la cancelación no opera con las garantías mínimas que cualquier sistema de justicia —formal o informal— debería ofrecer. No existe derecho a defensa: la persona señalada no dispone de un espacio institucional para presentar su versión antes de que la sentencia social se ejecute. No existe proporcionalidad: el mismo mecanismo se activa frente a un caso documentado de acoso sexual que frente a un chiste desafortunado publicado hace quince años. Y no existe posibilidad de apelación: una vez que la etiqueta se adhiere, ningún tribunal la retira.
4En segundo lugar, la cultura de la cancelación produce un efecto que sus propios defensores deberían considerar alarmante: el silenciamiento preventivo. Un estudio de la Fundación Knight y la Universidad de Georgetown (2022) reveló que un 64 % de los universitarios estadounidenses declaraba autocensurarse en clase por temor a las consecuencias sociales de expresar opiniones impopulares. La cifra era significativamente mayor entre estudiantes que se identificaban como políticamente moderados (73 %) que entre quienes se ubicaban en los extremos del espectro ideológico (48 %). Esto sugiere que el mecanismo no disciplina a quienes sostienen posiciones radicales, sino que silencia precisamente a quienes podrían aportar matices a debates complejos.
5Los defensores de la cancelación suelen responder que las «consecuencias sociales» no constituyen censura, puesto que la censura solo puede provenir del Estado. Este argumento, aunque técnicamente correcto en su definición jurídica, resulta insuficiente como análisis social. Cuando una persona pierde su empleo, su reputación profesional y su red de contactos como resultado de una campaña digital, las consecuencias materiales son indistinguibles de las que produciría una sanción estatal. Distinguir entre el poder del Estado y el poder de una masa digital coordinada puede ser relevante en un tratado de derecho constitucional, pero carece de significado práctico para quien experimenta la destrucción de su vida profesional. Como señaló la filósofa Martha Nussbaum, «la diferencia entre la vergüenza pública impuesta por el Estado y la impuesta por una turba es una distinción que interesa al teórico, no a la víctima».
6En América Latina, el fenómeno adquiere una dimensión adicional. En contextos donde las instituciones democráticas son frágiles y la confianza en el sistema judicial es baja —según el Latinobarómetro 2023, solo el 24 % de los chilenos confía en el poder judicial—, la tentación de reemplazar los mecanismos institucionales por la justicia digital resulta comprensible. Pero es precisamente en estos contextos donde las garantías procesales son más necesarias, no menos. La cancelación digital, al operar al margen de todo procedimiento formal, reproduce exactamente la arbitrariedad que pretende combatir: sustituye el poder discrecional de las élites por el poder discrecional de la masa, sin que ninguno de los dos rinda cuentas a nadie.
7Nada de lo anterior implica que la indignación colectiva carezca de legitimidad. Las sociedades necesitan mecanismos para señalar conductas inaceptables y para proteger a los más vulnerables de los abusos de poder. Pero un mecanismo de justicia social que carece de proporcionalidad, que no distingue entre la gravedad de las conductas, que castiga la opinión con la misma intensidad que el acto, y que genera un clima de autocensura entre quienes más necesitan expresarse libremente, no es justicia: es intimidación con buena conciencia. El desafío pendiente no es elegir entre la impunidad de los poderosos y el tribunal digital sin garantías, sino construir alternativas institucionales que combinen la exigencia de responsabilidad con el respeto al debido proceso, la diversidad de opiniones y la posibilidad siempre abierta de la rectificación.
9. Según el párrafo 1, ¿cuál fue la razón por la que la profesora universitaria fue despedida?
10. ¿Cuál es la función del caso de la profesora universitaria en la estructura argumentativa del texto?
11. En el párrafo 3, el autor señala que la cancelación «no opera con las garantías mínimas que cualquier sistema de justicia debería ofrecer». ¿Qué tipo de argumento utiliza para sustentar esta afirmación?
12. Según el párrafo 4, ¿qué efecto produce la cultura de la cancelación en los estudiantes universitarios?
13. ¿Cuál es la función de la cita de Martha Nussbaum en el párrafo 5?
14. ¿Cuál de las siguientes situaciones, de ser cierta, debilitaría más la argumentación central del texto?
15. En el párrafo 6, el autor menciona que «solo el 24 % de los chilenos confía en el poder judicial». ¿Con qué propósito incluye este dato?
16. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones sintetiza con mayor precisión la postura global del autor del texto?
17. En el párrafo 5, el autor afirma que «las consecuencias materiales son indistinguibles de las que produciría una sanción estatal». ¿Qué recurso argumentativo emplea con esta afirmación?
1El debate sobre el uso de pantallas antes de dormir ha transitado, en la última década, desde la anécdota parental hasta la evidencia clínica rigurosa. Un metaanálisis publicado en 2015 por Hale y Guan, que integró datos de 67 estudios independientes realizados en 20 países con una muestra combinada de más de 300.000 participantes entre 5 y 17 años, concluyó que el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse está asociado con mayor latencia de sueño (el tiempo que tarda una persona en dormirse), menor duración total del sueño y mayor somnolencia diurna. La relación se mantuvo estadísticamente significativa incluso después de controlar variables como el nivel socioeconómico, la actividad física y la presencia de trastornos previos del sueño.
2El mecanismo biológico principal es la supresión de melatonina por la luz azul de onda corta (450-495 nanómetros), que es emitida en alta concentración por las pantallas LED. La melatonina es la hormona que regula el ciclo circadiano, el reloj biológico interno que sincroniza los ritmos de sueño y vigilia con el ciclo natural de luz y oscuridad. Cuando una persona se expone a luz azul entre las 21:00 y las 23:00 horas —el periodo en que la glándula pineal normalmente comienza a secretar melatonina—, la producción de esta hormona se retrasa hasta 90 minutos, según un estudio de Chang y colaboradores publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (2015).
3Sin embargo, estudios más recientes sugieren que la supresión de melatonina no es el único factor relevante. La estimulación cognitiva y emocional generada por el contenido digital —redes sociales, videojuegos, plataformas de streaming— activa los sistemas de alerta del cerebro, dificultando la transición al estado de reposo necesario para conciliar el sueño. Un estudio de Exelmans y Van den Bulck (2017) demostró que adolescentes que usaban redes sociales antes de dormir presentaban mayores niveles de ansiedad nocturna, independientemente de la exposición a luz azul. Esto implica que las estrategias basadas exclusivamente en filtros de luz (como el «modo nocturno» de los dispositivos) resultan insuficientes si no se abordan las dimensiones psicológica y conductual del uso de pantallas.
18. Según la información de la infografía y del texto complementario, ¿cuánto tiempo puede retrasarse la producción de melatonina debido a la exposición a luz azul entre las 21:00 y las 23:00 horas?
19. ¿Cuál es la función principal de la infografía en relación con el texto complementario?
20. Según el párrafo 1 del texto complementario, ¿qué variable NO fue controlada en el metaanálisis de Hale y Guan (2015)?
21. ¿Qué relación se puede establecer entre los párrafos 2 y 3 del texto complementario?
22. A partir de la información proporcionada en la infografía, ¿cuál de las siguientes conclusiones se puede extraer con mayor fundamento?
23. Según el párrafo 3 del texto complementario, ¿por qué los filtros de «modo nocturno» de los dispositivos son insuficientes?
24. Un compañero de clase afirma: «Si simplemente activo el modo nocturno en mi celular, puedo usar redes sociales hasta las 2 de la mañana sin ningún efecto negativo en mi sueño». A partir de la información del texto y la infografía, ¿cuál de las siguientes evaluaciones es más pertinente?
1Cuando abrió la caja de cartón que había encontrado en el altillo, Martín supo inmediatamente que no debería haberlo hecho. No porque contuviera algo peligroso —eran solo fotografías, un cuaderno de tapas azules y una cinta de cassette con una etiqueta escrita a mano que decía «Para cuando tengas edad de entender»—, sino porque reconoció la letra. Era la de su padre, la misma caligrafía inclinada hacia la derecha con la que firmaba los formularios del colegio, aunque más joven, más urgente, como si las palabras tuvieran prisa por llegar a algún sitio.
2Lo primero que pensó fue que debía cerrar la caja y devolvérsela a su madre. Ella vivía ahora en el primer piso, en lo que antes había sido la pieza de costura y que, después de la operación de cadera, se había convertido en su dormitorio definitivo. Pero no bajó. Se sentó en el suelo del altillo con la caja entre las piernas y empezó a mirar las fotografías.
3Eran de antes de que él naciera, de eso estaba seguro. Su padre aparecía más delgado, con un bigote que Martín no le conocía y una sonrisa que tampoco. En casi todas las fotos había una mujer que no era su madre. Era joven, de pelo oscuro y corto, y miraba la cámara con una expresión que Martín solo podía describir como de complicidad, como si ella y quien tomaba la foto compartieran un secreto que los demás apenas sospechaban. En el reverso de una de las fotografías, alguien había escrito con bolígrafo azul: «Valpo, enero 78. Lo mejor y lo peor al mismo tiempo».
4Martín abrió el cuaderno. Las primeras páginas eran entradas de diario, fechadas entre noviembre de 1977 y marzo de 1978. La letra era la de su padre, pero el tono no: era un hombre asustado, exaltado, contradictorio. Hablaba de reuniones clandestinas en pensiones del cerro Bellavista, de documentos que había ayudado a esconder en un doble fondo de la librería, de una sensación extraña que describía como «la certeza de estar haciendo lo correcto y el terror de saber lo que cuesta». Martín hojeó rápido, como si la velocidad pudiera protegerlo de lo que estaba leyendo. En una entrada de febrero de 1978, su padre escribió: «Clara dice que deberíamos cruzar. Le dije que no puedo dejar a mamá sola. No le dije que tampoco puedo dejarla a ella. Hay cosas que no se pueden decir en voz alta porque nombrarlas las vuelve irreversibles».
5Martín cerró el cuaderno. Miró la cinta de cassette. «Para cuando tengas edad de entender.» Tenía cuarenta y tres años. Su padre había muerto hacía seis, de un infarto silencioso mientras regaba las plantas del jardín un domingo de noviembre, y durante toda su vida —cuarenta y tres años, seis meses y algunos días— Martín había creído que su padre era un hombre sin historia, un funcionario municipal que se jubilaba temprano y veía las noticias con el volumen bajo para no despertar a nadie. Un hombre sin secretos, sin pasado, sin esa sonrisa que aparecía en las fotografías y que Martín nunca le había visto en persona.
6Pensó en bajar a preguntarle a su madre. Pensó en las preguntas que haría y en las respuestas que probablemente recibiría: silencios, desvíos, alguna versión edulcorada que protegiera a todos de la verdad como un paraguas protege de la lluvia —útil a medias y solo mientras dura—. Pensó en Clara, a quien no conocía y cuyo nombre ahora se repetiría en su cabeza como una frecuencia radial que uno no logra sintonizar del todo.
7No bajó a preguntar. Puso la cinta en el bolsillo de su chaqueta, devolvió las fotografías y el cuaderno a la caja, cerró las solapas de cartón con el mismo cuidado con que se cierra un ataúd, y apagó la luz del altillo. Mientras bajaba la escalera, pensó que entender no era una cuestión de edad. Su padre se había equivocado en eso. Entender era una cuestión de estar dispuesto a dejar de ser quien uno creía que era, y Martín, a los cuarenta y tres años, no estaba seguro de poder pagarse ese lujo.
25. Según el texto, ¿cuál es el contenido de la caja de cartón que Martín encuentra en el altillo?
26. En el párrafo 3, la expresión «Lo mejor y lo peor al mismo tiempo», escrita en el reverso de la fotografía, puede interpretarse como:
27. ¿Qué función cumple el párrafo 5 en el desarrollo narrativo del relato?
28. En el párrafo 4, la frase del padre «Hay cosas que no se pueden decir en voz alta porque nombrarlas las vuelve irreversibles» sugiere que:
29. En el párrafo 6, la comparación de las respuestas de la madre con «un paraguas que protege de la lluvia —útil a medias y solo mientras dura—» cumple la función de:
30. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones describe con mayor precisión la caracterización del protagonista?
31. En el párrafo 7, el narrador compara el gesto de cerrar la caja con «el mismo cuidado con que se cierra un ataúd». ¿Qué efecto de sentido produce esta comparación?
32. El contexto histórico sugerido en el párrafo 4 (reuniones clandestinas, documentos ocultos, posibilidad de «cruzar», fechas de 1977-1978) permite inferir que el relato se sitúa durante:
33. ¿Cuál es el conflicto central que enfrenta Martín al final del relato?
— Poema original —
34. ¿Cuál es el motivo central que el hablante lírico ofrece para no haber enseñado a nadar a su hijo?
35. En la segunda estrofa, la imagen de «una casa con las ventanas hacia adentro» puede interpretarse como una metáfora de:
36. En la tercera estrofa, el verso «Te di un apellido limpio como una moneda sin usar» sugiere que el padre:
37. En la cuarta estrofa, la personificación de «la historia» como un invitado que «entró por la puerta sin pedir permiso» tiene como efecto:
38. ¿Qué relación intertextual puede establecerse entre este poema y el relato «La caja de cartón» (Lectura 4)?
39. En la quinta estrofa, los versos «alguien que eligió mal y no se arrepiente / y se arrepiente todos los días» constituyen una:
40. Considerando el poema en su totalidad, ¿cuál de las siguientes afirmaciones describe con mayor precisión la actitud del hablante lírico respecto a sus propias decisiones?
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